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>> (23/09/04)
El crecimiento del Mercado Kosher
sigue reflejándose en los medios
de prensa nacionales. En la última
edición del mes de Agosto-Septiembre,
la Revista Joy, La Revista de Vinos
y Gastronomía, bajo el título
“El Boom Kosher, un mercado
en plena expansión” realizado
por Rodolfo Reich, analizó
distintos enfoques de los alimentos
kosher según la tradición
judía del kashrut. Destacó
la garantía de la calidad del
sello kosher, que ha logrado atraer
a consumidores mas allá de
los limites de la colectividad judía.
En el informe, Ing. Berl Drachman
y Oscar Saal, Gerente CEO y Encargado
de Marketing de Todokosher.com, consultora
referente en los negocios y asesoramiento
kosher, expresaron su punto de vista
del mercado kosher, el accionar de
la empresa y de la Feria ArgenKosher
realizada en el mes de mayo de este
año.
Reproducción
textual:
AUNQUE ESTAN MUY LEJOS
DE SER NOVEDAD, LOS ALIMENTOS KOSHER,
ELABORADOS SEGUN LA TRADICION JUDIA
DEL KASHRUT, COMPONEN UN MERCADO DE
CRECIMIENTO EXPONENCIAL EN LOS ULTIMOS
AÑOS. UNA DE LAS RAZONES DE
ESTE AUGE ES QUE EL SELLO KOSHER HA
LOGRADO ATRAER A CONSUMIDORES MAS
ALLA DE LOS LIMITES DE LA COLECTIVIDAD
JUDIA, GRACIAS A LA CALIDAD QUE GARANTIZA.POR
RODOLFO REICH - FOTOS: ALEJANDRO LIPSZYC.
Lo
último en gastronomía
data del 1275 a.C. Y lleva un sello
que indica “certificación
kosher”. Según estudios
de la Integrated Marketing Communications
(IMC), consultora norteamericana especializada
en esta tradicional alimentación
judía, ese mercado crece al
ritmo de entre un 12 y un 15 por ciento
anual en las góndolas del mundo,
incluyendo las argentinas, donde,
sólo en Buenos Aires, funcionan
más de 60 comercios especializados,
desde autoservicios hasta restaurantes.
Kosher significa “apto para
el uso” y se refiere a una serie
de leyes determinadas por el libro
sagrado judío, la Torah, entregadas
a Moisés nada menos que por
Dios en el Monte Sinaí. Así,
el mundo judío ortodoxo moldeó
su dieta de acuerdo con estas instrucciones
conocidas como leyes del kashrut,
de estricto cumplimiento para que
un alimento reciba su certificación
correspondiente. Indican básicamente
tres cosas: qué se puede comer
y qué no; cuáles de
los alimentos permitidos se dejan
combinar entre sí; y cómo
se los debe tratar para que no pierdan
su condición de kosher. Así,
para dar un ejemplo de cada caso,
quedan terminantemente prohibidos
los animales no rumiantes y con pezuñas,
como el cerdo. Tampoco se deben mezclar
carnes con lácteos (lo que
incluye las grasas animales que muchas
veces se usan en los chocolates y
otros comestibles). Y, por último,
aún en el caso de que un producto
sea apto para el consumo (como, por
ejemplo, la vaca), las reglas del
kashrut indican el exacto método
de faena: un solo corte en el cuello,
con un cuchillo muy afilado, para
disminuir su sufrimiento. Pero estos
son apenas unos pocos puntos dentro
de una normativa bastante más
compleja, para lograr que las comidas
no sólo sean para el cuerpo,
sino para el espíritu.
SELLO DE CALIDAD
Un producto kosher debe llevar el
sello que lo acredita. Sin sello,
no hay kosher. Y este sello se consigue
por medio de una agencia certificadora,
de las que hay muchas en el mundo,
por lo menos quinientas. ¿Por
qué tantas? A grandes rasgos,
cada agencia tiene su visión
de qué es apto y que no. La
Biblia no es un manual de primaria:
sus textos son parábolas que
permiten arribar a diversas interpretaciones.
Así, hay algunas certificadoras
más estrictas en ciertos aspectos
y menos en otros. “Cada empresa
es libre de elegir su certificadora.
Podrá buscar una con sede local
u otra internacional. Incluso puede
elegir varias, para ampliar la base
de su reconocimiento. La número
uno sin duda es la OU (Orthodox Union)
de Nueva York, con un ochenta por
ciento de las certificaciones mundiales”,
cuenta Berl Drachman, CEO de TodoKosher.com,
consultora argentina especializada
en el tema y organizadora de Argenkosher
(acaban de realizar la segunda edición
anual), la primera feria en Latinoamérica
que emula a la gigantesca Kosherfest
norteamericana.
Cuando vayan al próximo comercio
especializado de su zona, miren ese
paquete de arroz que están
por comprar. Verán que lleva
un simbolito circular con una “U”.
Eso significa que la Unión
Ortodoxa certificó que el arroz
es kosher. Lo pudo hacer en base anual
o para una partida particular. Pero
en cualquier caso hubo un rabino analizando
los procesos de elaboración
y envasado del producto. La función
del religioso no es orar sino observar
el cumplimiento de muchas exigencias
bien mundanas: que se mantenga una
estricta higiene, que se eviten materias
primas y combinaciones no permitidas,
que no se trabaje el día sábado,
y más, más, más.
Todas exigencias que serán
inspeccionadas, una a una, por un
especialista en el ramo específico
de cada producto, al que se llama
Mashgiaj. Justamente, es gracias a
esta serie de exigencias que se está
logrando que el kosher sea tan bien
visto en los mercados del mundo. Los
estudios indican que el segmento consumidor
se sextuplicó en los últimos
diez años, algo de lo que pocos
nichos en el mundo se pueden jactar.
Una de las razones para este crecimiento
es la heterogénea composición
de los consumidores. Contra lo que
se suele pensar, quienes compran kosher
no son en su mayoría judíos
ortodoxos vestidos de negro y con
kipá. Así lo dice la
ingeniera Laura Montenegro, directora
de Argencert, una de las certificadoras
de productos orgánicos más
importante de Argentina. “Estuve
en Texas, en muchos supermercados
y me asombró la cantidad de
góndolas destinadas al consumo
kosher. Allí, el kosher es
considerado, al igual que la producción
orgánica, como sinónimo
de calidad, más allá
de lo religioso.”
Según los estudios realizados
por IMC en Estados Unidos (el principal
demandante kosher no israelí
del mundo), sólo una tercera
parte de los compradores son de religión
judía. El resto se divide en
la comunidad islámica (que
tampoco come derivados del cerdo),
adventistas del séptimo día,
vegetarianos, intolerantes a la lactosa
y celíacos. Y un sugestivo
veinte por ciento se conforma por
individuos que ven en el kosher un
sinónimo de calidad. Y tienen
razón. Estar certificado no
sólo significa que el alimento
es apto para un judío: también
comunica que si en la etiqueta dice
que no tiene grasas animales, no las
tiene. Es decir, atestigua la honestidad
del producto. Algo cada vez más
necesario entre cierta hipocresía
reinante. Ya son pocos los que compran
algo sólo por su sabor: ahora
se mira la tabla de nutrición,
los porcentajes de grasas, los aditivos
químicos. Desde este lugar,
el kosher se añade y compite
con los otros certificados que hacen
a la calidad: la tan famosa ISO 9000
y la certificación orgánica.
OREOS CON COCA
El punto de inflexión en la
historia del kosher se dio en 1997,
cuando la gigantesca Nabisco “kosherizó”
a sus muy populares galletitas de
chocolate Oreo. Ya otras grandes compañías
lo habían hecho antes (Coca
Cola en la década del treinta,
las papas fritas Lay’s en 1994),
pero ninguna lo había utilizado
como estrategia de comunicación.
Y eso mismo hizo Nabisco. A partir
de entonces, se desató la fiebre.
El otro hito en esta historia es la
suma de góndolas kosher en
los grandes almacenes. Wall Mart ya
las ofrece en más de 600 puntos
de su vasta red global, mientras que
los hipermercados de Albertsons lo
hacen en cada una de sus 1750 tiendas.
Hoy hay diez mil compañías
encargadas de fabricar 75 mil productos
kosher, y a este número se
le suman otras tres mil nuevas por
año.
Y las reglas son las mismas de siempre.
No puede decirse que el kashruth se
haya flexibilizado con el tiempo.
Es la misma Biblia, y el mismo texto.
Lo que sí sucede es que al
crecer el número de certificadoras,
crece el número de interpretaciones.
Como se dijo antes, algunas serán
más estrictas, otras menos.
En ciertos casos, esto significa una
relajación en ciertos aspectos
de la producción. Así,
en algunos lugares se acepta como
kosher la leche no supervisada, en
parte por los ya existentes controles
de calidad de la industria láctea,
así como por la dificultad
de conseguir leche certificada.
ARGENKOSHER
En la Argentina el concepto kosher
es aún incipiente, pero su
crecimiento aparece incluso más
acelerado que en la media mundial.
El motor de esta tendencia lo dan
los 30 mil judíos ortodoxos
del país que forman el mercado
cautivo. Comen sólo alimentos
certificados, que antes de la devaluación
duhaldista eran en su mayoría
importados. Hoy se busca elaborarlos
localmente.
El otro gran incentivo de la industria
es la exportación. Todos quieren
venderle dulce de leche a los Estados
Unidos. Entonces, ¿por qué
no certificarlo kosher y ganar otros
potenciales compradores? Así
lo entendieron La Salamandra y San
Ignacio, ambas con sus respectivas
certificaciones para partidas especiales.
Lo mismo sucede con las aceitunas
de Atilio Avena, las golosinas de
Arcor y la miel Sweet Nature. Y la
lista sigue. Para decirlo en números,
Argentina mueve unos quince millones
de pesos anuales en este segmento,
de los cuales el ochenta por ciento
se dirige a las exportaciones. Aunque
en el consumo interno hasta ahora
hay mayoría de compradores
de índole religiosa, debido
a que aún no se entiende del
todo la importancia de un marketing
kosher.
Los productos se consiguen solamente
en locales especializados por los
barrios de importante presencia judía,
como Once, Flores y Belgrano. Pero
se comienzan a notar signos de apertura,
como la inauguración de góndolas
específicas en Jumbo y la existencia
de los fast food kosher del Abasto,
McDonalds (con sus hamburguesas de
vacas faenadas al estilo kosher y
siempre sin queso) y Shefa (dedicada
a las comidas con lácteos).
También las movidas llevadas
a cabo por empresas como Freddo, que
tiene una docena de gustos procesados
bajo estas estrictas normativas.
Otro punto que demuestra el vertiginoso
crecimiento regional es la mencionada
feria Argenkosher, llevada a cabo
por el grupo TodoKosher.com. Su función
es congregar a lo mejor de la producción
argentina y ponerla en contacto con
los compradores locales y del exterior.
“El marketing kosher existe
-dice Oscar Saal, justamente gerente
de marketing de TodoKosher-. Nuestra
función es que los clientes
entiendan esto. Una empresa no sólo
debe certificarse para diferenciar
sus productos, sino que debe saber
cómo hacerlo, con quién
hacerlo y dónde comunicarlo.
Ahí es cuando nos llaman”.
TodoKosher trabaja con varias de las
firmas argentinas que se acercan a
la temática, como es el caso
de Jumbo.
El kosher es un mercado ideal. Los
sabores no cambian y la calidad muchas
veces es superior. Sean felices los
vegetarianos: no más gelatina
de origen animal en los caramelos
duros. Alégrense: basta de
adulteraciones en las materias primas
de los aceites. Aunque los productos
certificados deban cargar con un sobrecosto
de hasta el diez por ciento, se trata
de un valor que los consumidores seguramente
estarán dispuestos a pagar
por la seguridad que implica. Así
es: comer un Bon o Bon de partida
kosher puede resultar la manera más
barata de ganarse un lugar en el paraíso.
Recuadro - DIRECCIONARIO
Si se buscan tiendas kosher, lo mejor
es ir al Once. Hay al menos una por
cuadra, incluyendo restaurantes, carnicerías
y supermercados. Aquí te pasamos
una pequeña lista para que
vayas tomando nota.
Parrilla Al Galope. Queda en Tucumán
2637, es un lugar ideal para probar
carnes de animales faenados con el
menor sufrimiento posible.
Restaurante Mama Jacinta. Un clásico
de la zona. Tucumán 2580.
Pizzería Soultani. En este
espacio de San Luis 2601 no vas a
encontrar la de jamón y morrones,
pero igual vale la pena
Heladería Tutim. Otra heladería
que utiliza materias primas kosher.
Queda en Ecuador y San Luis.
La Quesería. Un autoservicio
donde no sólo hay todo lo necesario
para esta dieta, sino que encontrarás
unos riquísimos arenques macerados
que son celestiales. Viamonte 2438.
C.L.O. , Carnicerías Integradas.
Tienen una amplia variedad de fiambres
y chorizos, todos obviamente de vaca.
Recomendamos especialmente el vursht,
riquísimo, o el pastrón,
ideal con pepinos agridulces. Viamonte
2535.
Recuadro - VINOS
SAGRADOS
Ante el fruto de la vid, los rabinos
son especialmente estrictos. Sucede
que el vino es considerado sagrado
y se utiliza en infinidad de ritos
judíos. Por esto el hincapié
de los certificadores en que su producción
sea estrictamente controlada desde
que las uvas se cortan hasta el embotellamiento
Son muchas las diferencias en la vitivinificación,
como la de no utilizar clara de huevo
para clarificarlo o la imposibilidad
de vendimiar el sábado. La
más polémica de todas
es la que indica que si el vino va
a ser servido por un no-judío
(como es el caso de muchos sommeliers
y mozos), debe pasar anteriormente
por un proceso de ultrapasteurización.
Para algunos, este paso determina
que el vino no añejará
correctamente, mientras que, para
otros -al contrario- ayuda a estabilizar
los aromas y complejidades. Lo cierto
es que cada vez hay mayor presencia
de vinos kosher en el mercado argentino,
como los de Pribokaar (que incluyen
vinos dulces, espumantes, y variedades
finas), y losmuy nuevos de Bodegas
Alvear, con sus varietales Kotel,
recientemente catados por JOY.
Recuadro -
BANQUETES KOSHER
Es conocida la importancia que se
da en fiestas judías (bar/bat
mitzvas, casamientos, fiestas religiosas)
a la comida. Se come mucho y se come
bien. Cuando se cree que ya nada más
entra en el pobre estómago,
siempre habrá lugar para un
último pedacito de Leicaj (budín
hecho a base de miel). Así
que las empresas que se dedican a
estos menesteres deben ponerse a tono
y esmerarse en conseguir la mejor
cocina kosher del momento. Siempre
trabajando con ingredientes y utensilios
certificados en un 100% (el uso de
un solo elemento no certificado haría
que toda la preparación dejará
de serlo).
El caso más emblemático
es el del Hotel Alvear, que ofrece
el servicio hace ya 15 años,
pero que experimentó un crecimiento
exponencial en los últimos
cinco. Actualmente realiza unos 80
servicios anuales, para lo que dispone
de una cocina exclusivamente kosher,
con múltiples aparatos, herramientas
de trabajo y hornos. Cuando se va
a utilizar, la apertura se realiza
bajo presencia de un supervisor kosher,
que se encarga de encender los fuegos
y controlar cada materia prima seleccionada.
Incluso la vajilla y cubiertos utilizados
son certificados. Una curiosidad es
que, debido al descanso obligatorio
del sábado, el kashruth prohibe
prender fuego en ese día. Y,
como muchos de los eventos caen justamente
en sábado, lo que se hace es
encenderlo antes (el viernes) y mantenerlo
prendido durante 24 horas. Por la
misma causa, muchas de las comidas
se cocinan el día anterior,
y luego se colocan en calentadores
especiales que las mantienen en perfecto
estado por más de 16 horas,
sin que se sequen o quemen.
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