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También perteneció a un
grupo de privilegiados Kabalistas quienes, junto a Rabí Akibá,
accedieron a los más íntimos secretos divinos. La causa de su desliz
fue justamente la mal interpretación de una imagen a la que estuvo
expuesto en dicha congregación esotérica.
En cierta ocasión, le
pidió Elishá a su “discípulo”, Rabí Meir, su
interpretación a una frase de Shelomó Hamelej en la cual compara
la Torá al cristal y al oro. Éste le explicó que la intención
era que el bien es arduo obtenerlo como el oro y fácil pederlo como la
rotura de cristal.
Pero Elishá no
aceptó su explicación y a cambio le ofreció la que él mismo había
escuchado de Rabí Akibá que así como el vidrio y el oro se
pueden reciclar, del mismo modo quién abandonó el camino de la verdad
tiene siempre la posibilidad de corregirse.
Entonces Rabí Meir
aprovechó la oportunidad y le retrucó: entonces ¿Por qué no retornas a
la Torá? – Yo no puedo, afirmó Elishá. Una vez,
montaba sobre mi caballo en Yom Kipur que cayó Shabat y
pasé por el sitio donde estaba el Bet Hamikdash y oí una voz
celestial proveniente del Kodesh Hakodashim (El lugar más
sagrado del Bet Hamikdash al cual sólo ingresaba el Cohén
Gadol en Yom Kipur) que decía claramente que las puertas de
la Teshuvá están abiertas para todos excepto para mí.
Rabí Meir intentó
infructuosamente persuadirlo. Entonces comenzaron a recorrer casas de
estudio de Torá para niños en las cuales les peguntaban a los
pequeños sobe lo que habían aprendido aquel día. (En aquella época era
común dicha modalidad tomando como mensajes celestiales las respuestas
de los niños). Asombrosamente, todos los chicos respondieron con
versículos que reforzaban la convicción de Elishá sobre su
incapacidad de enmendar su pasado y revertir sus errores.
En los últimos de vida de
Elishá, vino Rabí Meir a visitarlo y le preguntó: ¿Aún te
niegas a arrepentirte de tus errores? – ¿Y si lo hago ahora, en
mis instantes finales, tiene algún valor? –Cuestionó el abatido
anciano. Claro que sí – aseguró Rabí Meir – como lo
dijo David Hamelej en Tehilim (90): “Instigas a
retronar al hombre hasta el momento de la extinción de su alma”.
Es ese momento, Elishá
rompió en un amargo llanto y se despidió de éste mundo. Y Rabí Meir
dijo: Creo que mi maestro murió con Teshuvá.
Esta historia desde ya
que tiene muchos aspectos que merecen ser estudiados con minuciosidad,
aquí analizaremos uno de ellos. Y seremos concisos.
Elishá escucha una
voz celestial que le dice, sin dejar lugar a dudas, que él no será
aceptado. También los niños le confirmaron una y otra vez que se le
niega el camino de regreso. Pero Rabí Meir insiste en que aún
está a tiempo de emprender el camino de vuelta.
Para entender a fondo la
idea, veremos un pasaje de la Perashá semanal (Debarim
13:2-4):
Cuando surgiese en
medio de ti un profeta, o un soñador de sueños, y te diere señal o
prodigio. Aunque viniere la señal o el prodigio de que él te habló,
diciendo: Vayamos tras otros dioses, que no conociste, y los
serviremos. No escuches las palabras de ese profeta, o de aquel soñador
de sueños; pues es que Hashem, vuestro Elokim, os prueba para saber si
aman a Hashem, vuestro Elokim, con todo vuestro corazón y con toda vuestra
alma.
Es decir, que para probar
nuestra fidelidad para con Hashem, él nos pone en situaciones
que nos dan lugar al error, a la confusión. Nos hace llegar mensajes e
impresiones que nos den una sensación de distanciamiento irremediable.
Entonces, si nos esforzamos, a pesar de los mensajes adversos,
dejaremos en evidencia nuestro amor incondicional por Hashem.
A Elishá ben Abuyá
le llega una comunicación celestial. En otros casos, como en nuestra Perashá,
el aviso viene a través de un supuesto profeta. A nosotros nos llega
desde nuestro interior porque entendemos o creemos que nuestro estado
espiritual es complejo y difícil de revertir, en especial en lo que a
consecuencias se refiere. Nos cuesta creer que todo el pasado y sus
consecuencias se pueden borrar con una decisión de renovaros y abrir
una página nueva.
Y la disolución de esta perplejidad
está en comprender porqué nos embargan estas sensaciones y verificar si
estos pensamientos son o no verdad.
Exactamente sobre éste
punto nos aclara las ideas la indicación de la Torá acerca del
falso visionario que habla en nombre de Hashem incitado a pecar.
Y aquí encontramos porqué le permite Hashem que sus señales se
cumplan y nos hagan titubear. “pues es que Hashem, vuestro
Elokim, os prueba para saber si aman a Hashem, vuestro Elokim, con todo
vuestro corazón y con toda vuestra alma”.
Todas las dudas,
incertidumbres, temores, preguntas, cuestionamientos y cualquier
sinónimo o similar, no son más que para poner a prueba nuestro amor.
Con la persistencia y la obstinación demostraremos a Hashem
nuestro apego incondicional a Él, lo que despertará Su compasión y
benevolencia hacia nosotros.
Shabat
Shalom
Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las
enseñanzas del Rebe Najman miBreslev)
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